Nada más requerido por el común de los mortales, que el reconocimiento, de que lo que se hace cada día es algo positivo.
Hay quienes siendo seres de luz encuentran este reconocimiento surgiendo de su propio interior, hay quienes lo encuentran en su familia, sus amigos, en su trabajo. Hay quienes lo tienen a través de la fama.
Hay quienes lo piden a gritos, y necesitan constante aprobación de lo que hacen, o por lo menos, ser escuchados.
En Colombia, los "colombianos de bien", se volvió en una época toda una identidad. Algo muy positivo por supuesto, que la gente quiera sentirse identificada con algo tan "bueno" cómo eso.
Sin embargo, a la hora de la verdad, este absolutismo se convierte en una licencia infinita para la doble moral. Por un lado, el orgullo de ser "de bien" y por el otro, la realidad.
La realidad de que a cualquiera le enfurece alguna cosa en la vida. La realidad, de que a cualquiera le atrae sexualmente algún otro humano (o varios). La realidad de que incluso los dulces y tiernos niños suelen ser desesperantes, y que de vez en cuando no entendemos a los venerables ancianos sobretodo cuando son nuestros abuelos.
Nada más dañino entonces, qué ser una persona de bien, que se esfuerza enormemente por tapar sus "debilidades". Nada más molesto que esta imposibilidad absoluta de reconocer los propios errores. Nada más grave que la costumbre de evitar verse los propios defectos. Nada más triste que las pasiones que se mueven en contra de quienes se portan de modos que no entendemos.
Todo esto, y más, se ha convertido en la base de nuestra cultura en muchos aspectos, y además de hacer mucho daño, no nos hace felices.
"Bienaventurados quienes lo tienen claro, porque de ellos será el reino de los CIEGOS"
No hay comentarios:
Publicar un comentario